Ideas para cocinar pescado

  • 22 de Abril del 2015
  • 2 min de lectura

Ya sea por su sabor o por las temidas espinas, el pescado es uno de los alimentos que más cuesta introducir en el menú de los niños. Su contenido en grasas insaturadas y ácidos grasos Omega-3 lo convierten en un alimento completo y básico en la dieta de los más pequeños. A veces, basta con una presentación atractiva para conquistar su paladar. ¡Ficha nuestras ideas de preparación!

 

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En general, el bebé puede empezar a tomar pescado blanco (gallo, lenguado, bacalao, merluza...) hacia los 8 o 9 meses de edad, en puré combinado con verduras, unas tres veces por semana. A los 15-18 meses ya puede probar el pescado azul (salmón, atún, caballa, sardina...), mientras que con el marisco conviene esperar a los dos años ya que es un grupo de alimentos considerados alergénicos. Las especies más recomendables para ellos son las de tamaño pequeño (chopitos, boquerones...), ya que suelen ser las más tiernas; las más fibrosas y difíciles de digerir, como el pulpo, solo se aconseja dárselas a los niños más mayores y siempre muy troceado. Estos son nuestros consejos para que triunfes en la mesa:

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• Las formas más habituales de preparación son al vapor (la más saludable), en guisos (paellas, fideuás) y frito. Esta última técnica con moderación, ya que aporta demasiadas grasas. • Cocinado al horno o en papillote, el sabor del pescado será más suave que si lo haces a la plancha o al microondas. • El pescado es una opción ideal para las cenas, ya que es más ligero que la carne. Los blancos además contienen triptófano, sustancia que favorece el sueño. El acompañamiento es la clave: por ejemplo, combina un filete de merluza desmenuzado con puré de zanahoria y pera; filete de lenguado a la plancha con crema de calabacín y patata cocida; croquetas de bacalao con compota de manzana; lomos de salmonete tricolor (con puré de remolacha, calabaza y calabacín)... • También puedes camuflarlo en multitud de preparaciones en caso de que a tu hijo le disguste su textura u olor: tortilla de palitos de cangrejo y queso; una clásica sopa de arroz con caldo de pescado o de fideos y gambas; bolitas de patata y gambas o incluso una hamburguesa con “truco” (filete de bacalao en vez de carne).

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