Me falla una pierna al andar: ¿a qué se debe y qué puedo hacer?

  • 19 de Octubre del 2021
  • 5 min de lectura

Me falla una pierna al andar, apenas puedo levantar peso con los brazos o me siento débil, son afirmaciones que podemos escuchar de manera habitual en personas maduras o mayores.

Pero, ¿a qué se deben estas situaciones? ¿Es inevitable experimentarlas al envejecer?

En determinadas ocasiones pueden ser inevitables, no tanto por el envejecimiento sino por la existencia de alguna patología.

Que nos falle una pierna al andar puede deberse a diferentes causas, incluido el hecho de hacernos mayores.

Pero, independientemente de la causa, lo importante es que a menudo podemos intervenir para mejorar la situación y evitar que empeore.

Me falla una pierna al andar, ¿es cosa de la edad?

A medida que cumplimos años nuestro cuerpo va cambiando, y uno de los cambios más representativos es la pérdida de masa muscular.

Esta no solo se produce por las modificaciones estructurales del sistema musculoesquelético, sino también como consecuencia de enfermedades crónicas, tratamientos, la atrofia de los músculos por la falta de uso o la mala nutrición.

Sin embargo, el descenso progresivo de masa muscular no es cosa de la tercera edad. O, al menos, no exclusivamente.

En realidad, esta pérdida comienza mucho antes de entrar en la vejez, alrededor de los 20-30 años de edad en personas sedentarias.

De ahí que sea tan importante cuidar los músculos en todas las etapas de la edad adulta y, siempre que sea posible, evitar esperar a experimentar las consecuencias. 

De lo contrario nos encontraremos a nosotros mismos diciendo «me falla una pierna al andar» o «casi ni puedo levantar los brazos».

No obstante, si durante nuestra juventud no llegamos a invertir en el bienestar de nuestros músculos y salud física general, eso no significa que ahora debamos tirar la toalla o que ya sea demasiado tarde.

Mejor empezar tarde que no hacerlo nunca.

En la madurez y en la vejez también podemos (y, de hecho, debemos) mejorar, mantener y evitar que empeore la condición de nuestros músculos llevando un estilo de vida activa y una nutrición saludable.

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Causas que pueden hacer que fallen las piernas al andar

Aunque la disminución de la masa muscular afecta a todo el cuerpo, quizá una de las cosas que más nos preocupan o que habitualmente dispara las alarmas es que nos fallen las piernas.

La posibilidad de encontrarnos con problemas para desplazarnos y movernos con libertad nos asusta, ya que significaría un gran cambio en nuestra vida y autonomía.

Y no es para menos. Ciertamente la reducción de masa muscular compromete la movilidad y esto, a su vez, deriva en un deterioro funcional que pone en riesgo nuestra autonomía.

Ya hemos mencionado que el deterioro de los músculos comienza tan pronto como la treintena, incluso algo antes en personas sedentarias.

Sin embargo, las consecuencias de esa pérdida progresiva de masa muscular suelen hacerse notar a edades más avanzadas. 

Esto se debe a que, por un lado, se han acumulado décadas de disminución de masa muscular y, por otro, a que esa pérdida lenta y progresiva se acentúa a partir de los 65-70 años

Cabe destacar que en las mujeres también se produce una aceleración del proceso durante la menopausia.

Además, las extremidades inferiores experimentan una pérdida de fuerza mayor y es donde se producen las reducciones más notables de tejido muscular al envejecer.

Por tanto, el responsable de que falle una pierna al andar puede ser la sarcopenia, que es como se denomina la disminución progresiva de masa y fuerza muscular con el envejecimiento.

No obstante, la atrofia muscular también puede propiciar la debilidad y el fallo de las piernas al andar.

Aunque existen patologías que pueden dar lugar a la atrofia muscular, los músculos se atrofian y pierden fuerza por la falta de uso.

Por ello, el sedentarismo es con frecuencia uno de los grandes responsables de la mala condición de los músculos. 

Unos músculos que si, ya sufren las consecuencias normales del envejecimiento, serán más vulnerables a debilitarse y a perder capacidad funcional.

La sarcopenia y la atrofia muscular asociadas a la edad y la inactividad se manifiestan de forma progresiva. Por tanto, si nos fallan las piernas de forma repentina e intensa, puede deberse a una lesión o patología de otro tipo.

En cualquier caso, es importante que si empezamos a notar que nos va fallando una pierna o ambas, consultemos con nuestro médico para descartar la existencia de patologías que afectan a los músculos y la movilidad.

No obstante, también será conveniente que reflexionemos sobre el estilo de vida que llevamos y que pongamos de nuestra parte para mantener nuestros músculos en las mejores condiciones posibles.

¿Qué puedo hacer para mejorar el estado de mis músculos?

La masa muscular no solo se ve perjudicada por la pérdida fisiológica propia del envejecimiento, también se atrofia a causa de la inactividad, algo que propicia el desarrollo de fragilidad.

Por ello, el ejercicio es clave para mejorar la función física cuando nos hacemos mayores, así como para prevenir o reducir la fragilidad.

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Por otro lado, la fuerza muscular es fundamental para llevar a cabo tareas cotidianas como levantarnos de la cama o el sofá, subir escaleras o simplemente caminar sin que nos fallen las piernas.

Además, la pérdida de fuerza en los músculos repercute sobre el equilibrio, un aspecto muy importante.

La falta de equilibrio propicia las caídas y estas constituyen un alto riesgo de sufrir fracturas a edades avanzadas por la mayor fragilidad de los huesos, sobre todo si se padecen patologías como la osteoporosis.

Por todo ello, el entrenamiento de la fuerza es una estrategia muy recomendable frente a la pérdida de la musculatura esquelética asociada al envejecimiento.

Si no padecemos patologías neuromusculares o de otra naturaleza que estén haciendo que nos fallen las piernas al andar, estará en nuestras manos revertir o evitar que empeore la situación.

Tendremos que cuidar nuestra alimentación, esforzarnos para mantenernos activos y evitar que los músculos se atrofien y practicar ejercicio de forma regular para prevenir y minimizar el impacto de la sarcopenia.

No obstante, es conveniente resaltar que para prevenir la sarcopenia no basta con la actividad física cotidiana y de ocio (como ir a comprar o un paseo por el campo algún fin de semana).

Es necesario realizar un programa de ejercicios adecuado, que incluya ejercicios tanto aeróbicos como de resistencia, y que esté orientado a mejorar la fuerza de nuestros músculos.

Esperamos que esta información te haya resultado interesante y que te motive a buscar soluciones a ese «me falla una pierna al andar». 

No dejes de consultar a tu médico si es necesario y trata de llevar una vida lo más saludable y activa posible para conservar tus músculos en buen estado durante muchos años.

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