Factores que determinan los diferentes grados de autismo

  • 21 de Febrero del 2022
  • 6 min de lectura

Los trastornos del espectro autista (TEA) son muy heterogéneos y pueden presentar una gran variedad de síntomas distintos, por lo que no hay dos niños con TEA iguales y, por ello, al referirnos al autismo, hablamos de trastornos del espectro. 

No obstante, en función de las dificultades en la comunicación e interacción social, y en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta, los especialistas establecen tres grados de autismo.

No hay dos niños con TEA iguales

Desde que en 1943, el psiquiatra y médico Lep Kanner describió el autismo por primera vez, la definición y el criterio de diagnóstico han cambiado mucho. 

Kanner explicaba el autismo como una profunda perturbación emocional sin afectación cognitiva.

Siguiendo esta premisa, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en su edición de 1952, definía el autismo como una forma de esquizofrenia infantil caracterizada por un desapego de la realidad.

El contínuo desarrollo de investigaciones y estudios sobre el tema consiguió demostrar los fundamentos biológicos del autismo y su arraigo con el desarrollo cerebral. Ello llevó a definirlo como un trastorno generalizado del desarrollo, diferente a la esquizofrenia. y a establecer tres criterios diferenciadores con desarrollo en los primeros treinta meses de vida: falta de interés en las personas, graves deficiencias de comunicación y respuestas extrañas al entorno.

El DSM de 1987 amplió el concepto e introdujo el diagnóstico de un trastorno generalizado del desarrollo no especificado de otra manera en el extremo suave de la escala y descartó la aparición de los criterios diagnósticos antes de los treinta meses

Acorde a la apreciación creciente del autismo como una gama de distintas condiciones que podían presentarse a lo largo de la existencia, en 1994 se reconoció al autismo como un espectro y se incluyeron otros trastornos como el Asperger, el trastorno desintegrativo infantil o Síndrome de Heller y el Síndrome de Rett

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) los engloba en un diagnóstico marcado por dos grupos de características: un deterioro persistente en la comunicación e interacción social y comportamientos restringidos y repetitivos presentes en la primera infancia

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Qué es el autismo

La Confederación Autismo España define el TEA como «un trastorno de origen neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en dos áreas principalmente: la comunicación e interacción social y la flexibilidad del pensamiento y de la conducta»

Tanto su etiología como la sintomatología y su evolución a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo del niño están marcadas por su heterogeneidad presentando diversos grados de afectación, tanto en el área del lenguaje como en el desarrollo intelectual, distintos en cada caso y momento.

El autismo es un trastorno complejo condicionado por el desarrollo personal de cada niño y comparte síntomas con otros problemas, como los de socialización. Por ello, es importante prestar atención a los signos característicos del TEA para poder detectarlo cuanto antes.

Criterios de diagnóstico

En el año 2013 se modificó la clasificación y los criterios de diagnóstico, de manera que desaparecen las denominaciones de los diferentes trastornos ya reconocidos en el espectro para quedar todos incluidos en una nomenclatura única como Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Los nuevos criterios de diagnóstico tienen presentes estos factores:

  • La asociación del trastorno a una afección médica o genética.
  • La asociación del trastorno a un factor ambiental conocido o a otro trastorno del desarrollo neurológico, mental o del comportamiento, incluyendo alteraciones sensoriales.
  • Escala de menor o mayor gravedad del cuadro clínico: déficit intelectual, deterioro del lenguaje y comorbilidad (coexistencia de dos o más enfermedades generalmente relacionadas).
  • Presencia de catatonía

Estos síntomas se presentan en la primera infancia, desde el nacimiento hasta los seis años, aunque algunos no se manifiestan de forma plena hasta que las exigencias sociales sobrepasan la capacidad del niño, interfiriendo y dificultando el día a día.

Los 3 niveles o grados de autismo

La nueva clasificación incorpora una escala de tres grados de severidad de los signos y síntomas del TEA, que atañe tanto a la comunicación social como a los comportamientos restringidos y repetitivos, que se organiza según el nivel de ayuda que el niño necesita. 

Son los siguientes:

  • Nivel 1: Necesita ayuda. El niño tiene dificultades para iniciar la interacción social. Sus respuestas son erróneas o poco adecuadas para conseguir empatizar. Muestra un comportamiento rígido que interfiere y dificulta sus actividades y su capacidad de organización y autonomía. Es común que este nivel de autismo se revele en la escuela infantil.
  • Nivel 2: Necesita ayuda notable. Las deficiencias comunicativas son significativas, tanto a nivel verbal como gestual, y muestra intereses reducidos. Su comportamiento es inflexible, manifiesta ansiedad ante los cambios y sus conductas son restrictivas y repetitivas.
  • Nivel 3: Necesita ayuda muy notable. El niño muestra deficiencias graves para comunicarse e interactuar socialmente. Sus comportamientos son tan restrictivos y repetitivos que interfieren de forma importante en todos los ámbitos.

Esta clasificación sirve para catalogar las áreas mencionadas, comunicación social y comportamientos, y, por tanto, el nivel de una de las competencias puede ser distinto al de la otra. 

Asimismo, también se cataloga el autismo como leve, moderado o severo.

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La detección precoz es fundamental para el pronóstico

Existen signos, más o menos leves, que pueden indicar que el niño padece un Trastorno del Espectro Autista. Algunos pueden presentarse antes de los doce meses de vida y pasar desapercibidos y otros manifestarse más tardíamente y causar una preocupación innecesaria en los padres, ya que, como hemos indicado, pueden ser síntomas de otros problemas, como los de socialización

Recordemos que el TEA conjuga un déficit en la interacción social y un comportamiento rígido y estereotipado.

A continuación, te resumimos los síntomas más característicos del TEA en cada una de las áreas implicadas. 

Síntomas en la interacción social:

  • Falta de contacto visual.
  • Falta de respuesta a las expresiones faciales de los padres, como la sonrisa.
  • Falta de interés en observar algo que le señalan los padres o en mostrarles algo a éstos.
  • Falta de empatía e interés por socializar y hacer amigos.

Síntomas en la comunicación:

  • No responde a su nombre. Se refiere a sí mismo como “tú” y mezcla los pronombres, llamando a los demás como “yo”.
  • Con más de 16 meses, aún no dice palabras sueltas.
  • No muestra interés en comunicarse o en iniciar una conversación y es incapaz de continuarla.
  • Puede sufrir una regresión del lenguaje, aunque suelen tener buena memoria para los números o las letras.
  • No comparte ni utiliza sus juguetes para simular situaciones de la vida real.

Síntomas en el comportamiento:

  • Manifiesta un comportamiento estereotipado, es decir, movimientos repetitivos sin un propósito determinado.
  • El niño se apega a sus rutinas y no le gustan los cambios.
  • Puede tener trastornos de hiper o hiposensibilidad.

Los padres son quienes mejor conocen a sus hijos y siguen su desarrollo día a día. Si se observa alguna conducta que indique dificultad de comunicación, socialización o comportamientos anómalos, es conveniente comentarlo con el pediatra, siempre teniendo muy en cuenta que cada niño sigue su propio patrón de desarrollo y tiene su propia personalidad, más o menos extravertida.

Por ello, no debemos alarmarnos ni preocuparnos más allá de la lógica inquietud que podamos sentir antes de obtener el diagnóstico del pediatra y, en su caso, del especialista adecuado.

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