¿Cómo tratar a los niños inquietos?

  • 7 de Mayo del 2018
  • 3 min de lectura

Todos los niños son muy activos, pero algunos lo son mucho más, por lo que educarlos puede ser todo un reto para los padres. Los niños inquietos no paran en todo el día y están en constante actividad, lo cual suele agotar a los adultos y ser causa de conflictos.Te damos las claves para ayudarte en su día a día y poder tratar a los niños inquietos, enseñándoles la forma más adecuada de canalizar toda su energía de forma positiva para todos.

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¿Cómo son los niños inquietos?

Los niños muy movidos tienen una serie de rasgos característicos:

  • Son muy activos y se pasan el día corriendo, gritando, saltando…
  • Tienen un temperamento muy fuerte y enseguida estallan en una rabieta o pataleta.
  • Quieren ser siempre los primeros en todo.
  • A veces presentan retrasos en el habla y el desarrollo.
  • Suelen estar castigados casi todo el tiempo, tanto en casa como en el colegio.
  • Se meten frecuentemente en peleas.
  • Son impulsivos y sus prisas hacen que sufran accidentes con facilidad.

Es importante tener presente que los niños inquietos son niños que experimentan una constante tensión que necesitan descargar. De ahí que no paren quietos, pues su nivel de energía es muy alto y no pueden evitar expresar emociones y sentimientos como la alegría, el miedo o la sorpresa mediante una acción incesante. 

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¿Cómo educar a los niños inquietos o hiperactivos?

El objetivo de la educación de los niños inquietos es conseguir que aprendan a aprovechar su energía y vitalidad de manera productiva.

Si bien cada niño es único y diferente, existen una serie de consejos recomendados: 

  • Primero de nada, nunca debes perder los nervios. Intenta entender qué es la forma de ser de tu hijo, no lo hace para molestarte ni sacarte de quicio. Debes tener paciencia con él o ella y mantener la calma. Tú eres su mejor ejemplo para aprender cómo comportarse.
  • Nunca le etiquetes ni le digas a todas horas que es muy inquieto y que no para. Cuanto más se lo digas, más nervioso se pondrá y, por tanto, más inquieto. Especifícale que lo que te molesta es su comportamiento y no él.
  • Explícale por qué no puede pasarse el día moviéndose y por qué en ciertas situaciones, como cuando está en clase, debe estar quieto y tranquilo.
  • Una buena manera de canalizar su energía es realizando algún deporte y saliendo a la calle a jugar y correr al aire libre. Los niños inquietos difícilmente van a pasar mucho rato sin moverse, simplemente viendo una película, pues les cuesta más concentrarse en una sola actividad.
  • Colorear o hacer manualidades suele gustar a los más pequeños y les ayuda a relajarse y permanecer más quietos durante un rato. Otras opciones con las que pueden divertirse y distraerse es leer un cuento de manera interactiva “interpretando” algún personaje, hacer puzzles o participar en un juego de mesa
  • Enséñale técnicas de relajación para que aprenda a descargar los nervios y parar cuando esté “a tope”. Practicar la forma de respirar en situaciones de estrés le ayudará mucho. 
  • Procura que el ambiente en casa sea tranquilo y transmita calma. Evita las situaciones que puedan crear tensión, pues incrementará su inquietud.
  • Elógiale y prémiale de alguna manera cuando su comportamiento sea el adecuado. Cuando esté calmado, préstale atención y hazle saber lo feliz que te hace poder realizar actividades en calma. De esta manera, refuerzas esta conducta.
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Preguntas frecuentes sobre cómo tratar a los niños inquietos

Un niño muy inquieto manifiesta una gran vitalidad y exceso de energía y no para quieto durante todo el día. Es su forma de ser y no una consecuencia de algún tipo de trastorno. Un niño inquieto es capaz de concentrarse y prestar atención en algo que le interese así como de estarse quieto en determinados contextos si se le explica porqué debe hacerlo.

Lo mejor es tener mucha paciencia y poner en práctica los consejos que hemos explicado para conseguir que canalice toda su energía de forma productiva. Los niños pequeños aún no son totalmente capaces de regular el comportamiento y la atención, por ello son más impulsivos y se concentran menos, sobre todo si por su forma de ser acumulan mucha energía.

El término que más se utiliza es hiperactividad. Sin embargo, no es lo mismo un niño inquieto o hiperactivo. Es importante no confundir la energía y vitalidad infantil con un trastorno de base neurológica como un TDAH que, además de no parar quieto, conlleva otros problemas como la dificultad para procesar la información, frustración o baja autoestima, entre otros.

Muchas veces se dice que un niño es hiperactivo cuando solo es demasiado inquieto y nervioso. La hiperactividad es habitual en niños con TDAH, autismo o retraso madurativo y no es fácil catalogarla, pues deben tenerse en cuenta distintas variables como las dificultades que causa a nivel de aprendizaje, conductual y social.

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Referencias

  • Carrobles, José Antonio; Pérez-Pareja, José (2008), Escuela de padres. Guía práctica para evitar problemas de conducta y mejorar el desarrollo infantil, Madrid, Ed, Pirámide.

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